BLAS, PELUQUERO Juan Pérez Zúñiga I. Pensando Blas Bustamante qué negocio emprendería, puso una peluquería por todo extremo elegante. Diez expertos ciudadanos que en su oficio eran modelo, hacían la barba al pelo á todos los parroquianos. Pero el que no pelechó fué el incipiente industrial; y cuando ya iba muy mal el negocio que emprendió, una idea extravagante vino á cruzar de repente por el centro de la mente del señor de Bustamante. Enseñó en muy pocos días á ejercer de peluqueras á diez chicas hechiceras que encontró en las cercanías. Las dió trajes de muchachos, y con los mejores modos dejó cesantes á todos los diez oficiales machos. II. Gustó tanto al sexo feo tan extraña innovación, que ya sin interrupción la casa fué un jubileo. Y con su charla oportuna, alegres y vivarachas, aquellas lindas muchachas dieron á Blas la fortuna, pues más de un sujeto había que, sólo por recrearse con ellas, iba á afeitarse cuatro ó seis veces al día. ¡Qué de picante...