EL VALS DE DINORAH I. El temor misterioso que produce en el alma lo ignorado, robaba de Mercedes el reposo, y latía exaltado el albo seno, que tremaba ansioso por llegar al momento deseado. La doncella sentía ese temor que llega traicionero a las mismas fronteras de la muerte. ¡No lo sintió tan fuerte, en Austerlitz, Napoleón primero! .......................................................... .......................................................... Su espléndida figura, como temprana flor, se estremecía: ceñida de nevada vestidura, más que encubrir, el traje parecía que señalaba á intento los hechizos, y en la espalda escotada caía destrozada la cascada de sombras de sus rizos. Entre todas Mercedes la más bella, hizo latir de amor los corazones. Y era, en verdad, la rutilante estrella de que hablaba el cronista de salones. Como César venció: los invitados su belleza aclamaron y su gloria, y por la nueva estrella deslumbrados, escuchó esos elogios ...