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Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

Miguelito, de Eduardo de Palacio.

 MIGUELITO   Andaba la muerte buscando á los viejos, no sé si por gusto ó si era por celos. Vivía en Carmona el tío Juan Moreno, Cañí con más años que el río del pueblo. Saber que la muerte venía por ellos;  salir Juan á escape buscando al barbero; quitarse patillas, lunares y pelos; vestirse de niño con falda y sombrero y unos calcetines en piernas ó en huesos, fué todo uno mismo. Estaba tan feo, que chicos y grandes, tomándole el pelo, decíanle: "Toma, ven aquí, salero, toma y vete y merca unos caramelos." Llegó el fiero trance y varios murieron,  y el tío Juan de momio vivía contento. Pero hizo la suerte que un día en paseo con ella topase el pobre flamenco . -¿Y cómo te llamas?- le dijo riendo y á un tiempo tocando la cara al polluelo . -Yo soy Miguelito. -¡Qué niño tan bello! Y di, ¿Qué edad tienes? -Seis años y medio.  -¡Canalla! ¡Farsante! ¡Bribón! ¡Estafermo!- Repuso la muerte faltando al respeto.- Pues estas patillas que arañan los dedos, y tantas arrug...

El vals de Dinorah, de Manuel Paso.

 EL VALS DE DINORAH   I.   El temor misterioso que produce en el alma lo ignorado, robaba de Mercedes el reposo, y latía exaltado el albo seno, que tremaba ansioso por llegar al momento deseado. La doncella sentía ese temor que llega traicionero a las mismas fronteras de la muerte. ¡No lo sintió tan fuerte,  en Austerlitz, Napoleón primero! .......................................................... .......................................................... Su espléndida figura, como temprana flor, se estremecía: ceñida de nevada vestidura, más que encubrir, el traje parecía que señalaba á intento los hechizos, y en la espalda escotada caía destrozada la cascada de sombras de sus rizos. Entre todas Mercedes la más bella,  hizo latir de amor los corazones. Y era, en verdad, la rutilante estrella de que hablaba el cronista de salones. Como César venció: los invitados su belleza aclamaron y su gloria, y por la nueva estrella deslumbrados,  escuchó esos elogios ...

Dolora, de Ramón Campoamor

 DOLORA Ramón Campoamor   Al regresar del otero,  lleno de gozo y cariño les dió á una niña y un niño dos pájaros un cabrero.   Dándole un beso primero, la niña el suyo soltó; al pájaro que quedó no se le pudo soltar, porque el niño por jugar, el cuello le retorció. Publicado en 'Blanco y Negro', el 6 de diciembre de 1891.

Luceritos, de José Campo Moreno

 LUCERITOS José Campo Moreno - Di, mamá, ¿dónde está mi hermanito,                Que ya no le veo? - Se murió el pobrecillo, mi vida.               - ¡Morir!... ¿Y qué es eso? - Pues morir es marcharse del mundo               Muy lejos... muy lejos... Y allá arriba, entre nubes, estrellas               Y lindos luceros,  Disfrutar otra vida más dulce,                Sin penas ni duelos. - ¡Ay mamá! ¡Quiero ver á mi hermano;                Mamá, quiero verlo!... - Mira, ¿ves una estrella chiquita               Que luce en el cielo? Pues aquel, hijo mío, es tu hermano.               - ¿Y todos aquellos Que hay con él?       ...

El entierro del baturro, de Agustín de Perales

 EL ENTIERRO DEL BATURRO  (CUENTO ARAGONÉS) Agustín de Perales   Murió un señor poderoso, Y en seguida sus parientes Dispusieron diligentes Un entierro suntuoso. Mandaron muchos criados; Una carroza, tirada Por seis caballos, cuajada De molduras y dorados, Sobre la caja tendidas, Treinta ó cuarenta coronas; Delante, muchas personas Van con hachas encendidas, Y detrás, muchos carruajes, En larga fila formados, Donde van los invitados Vistiendo negros ropajes. Lo rico de la carroza, Tanta luz, tanto blasón, Logró llamar la atención Popular en Zaragoza. Dos baturros que allí estaban Viendo el fúnebre cortejo, Con arrugado entrecejo Asombrados se miraban. De repente exclamó el uno: - ¡Ya tendrá dinero el tío! ¡Qué entierro, apuesto que el mío No será como éste, Bruno! - ¡Válgame la Pilarica! ¡Otra, ya se ve que no! Tú tendrás de il , como yo, Drento de una carretica. Quedó el primero mirando A su amigo y dijo: ¡ Sos !... ¡ Carretica ! ¡ Otra qué Dios ! ¡¡ Como no vayas andand...