(AYER, AL ENCONTRARNOS)
Ramón Jiménez Lamar
Ayer, al encontrarnos, de mis ojos
una lágrima ardiente resbaló,
y ufana sonreiste, imaginando
que aún vive en mi el amor.
¡Te engañaste, mujer! aquella lágrima,
la última quizás del corazón,
era el beso de muerte que en su fondo
el desengaño cruel depositó;
era el "ay" dolorido con que el alma
a su esperanza daba un triste adiós;
no se llora jamás lo que aún existe,
¡Sino lo que murió!
Publicado en 'Blanco y Negro', el 9 de agosto de 1891.
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