PERRERÍAS Felipe Pérez y González. Una tarde se encontraron, llevando contrario rumbo, un gozquecillo faldero y un perrazo vagabundo. Desorientado y perdido buscaba á su dueña el uno, yendo de un lado á otro lado, ya jadeante y convulso; El otro, hambriento, buscaba, yendo de un punto á otro punto, basuras donde hallar huesos ó piltrafas ó mendrugos. El uno, era chico y débil, el otro, grande y forzudo; Aquél, limpio y perfumado, éste, desgreñado y sucio. Llamábase el chico Tony , llamábase el grande Chucho , porque era inglés el primero y era español el segundo. Sobre el lomo del perrillo la dueña amorosa puso una manta con su cifra y su corona y su escudo. Sobre el del otro asomaban, en larga línea de puntos, los huesos del espinazo como dientes de un serrucho. Al hallarse frente á frente los dos perros, casi juntos, entrambos se detuvieron por un natural impulso. Dió el grande un gruñido sordo, dió...
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