Poesía inédita, de Pedro Antonio de Alarcón
Me pones en las manos la cansada
citara del dolor, hermosa mía...
¿Por qué, dime, de un alma quebrantada
buscas la melancólica armonía?
Si pudieran volver las muertas horas
en que los sueños del amor canté,
yo te brindara en músicas sonoras
del sentimiento la mentida fe.
Yo te embriagara de ideal ternura
al compás de suavísima canción...
Pero en la hiel tan sólo hay amargura,
¡y es mar de hiel mi triste corazón!
No me confundas, no, con esos seres
que te fingen de amor ardiente afán...
¡Risa y llanto, y dolores y placeres,
sin setirlos, tal vez te cantarán!
Yo, entre las cuerdas de mi rota lira,
sólo encuentro los ecos del dolor...
¡Si te cantara amor, fuera mentira!
¡Maldita el alma que te mienta amor!
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¡Ay del que un día un falso juramento
bebió en los labios de gentil mujer,
y hoy busca en vano en la región del viento
los ecos vagos de un perdido ayer!
¡Ay de mí!... ¡Ay del alma que en el mundo
sin alimento vive mi ilusión!...
¡Ay de mí, que cual astro moribundo,
siento helarse mi pobre corazón.
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Creciendo en distinto edén,
viven unidas dos palmas;
cuando dos se quieren bien,
unidas así se ven
aún en la ausencia sus almas.
Publicado en 'Blanco y Negro', el 6 de diciembre de 1891.
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