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Los placeres del campo, de Manuel del Palacio

 LOS PLACERES DEL CAMPO Manuel del Palacio.   Basta de expediciones en pollino y manejar el remo á lo forzado; basta de merendonas en el prado, y venga el coche y la sopita en vino.   Si plugo alguna vez á mi destino inspirarme afición al despoblado, me cansan ya la choza y el ganado, y el césped y el arroyo cristalino.    La nave de mi afán viró de bordo, y hoy con tristeza mis penates dejo á memorias de ayer haciendo el sordo. Pues me dicen la sangre y el espejo, que para los idilios estoy gordo, y para las zagalas estoy viejo. Galicia, 1891 Publicado en Blanco y Negro, el 11 de octubre de 1891.

¡Lo que son las cosas!, de Juan Pérez Zúñiga

 ¡LO QUE SON LAS COSAS! Juan Pérez Zúñiga (DIÁLOGOS ÍNTIMOS) I.   -¿No has notado, mamá mía,  que las de Antón Perulero han pasado el año entero sin venir á casa un día? ¡Y eso que mostraron gana de ver la cifra en latín que le bordé á mi Chuchín en su abriguito de lana! Desde que en Madrid no brillo, las necias me han olvidado. -¿Quién sabe si habrán estado otra vez con el moquillo? ¿Las hemos faltado?          -En nada. -Pues no hagas caso.          -Corriente; Pero me carga esa gente tan grosera y descastada. -Niña, quítate el sombrero, que aun no podemos salir, porque acaban de venir... -¿Quién?          -Las de Antón Perulero. -¿Sí? Pues maldita la gana que tengo de su visita. -¡Lo contrario, Margarita, decías esta mañana! -¿Por qué no habremos salido? ¡Miren que venir ahora... Me fastidia y me encocora  gente así, tan... de cumplido. ¿Á qué han de venir aquí si no las necesitamos? -¿Pero...

(Ayer, al encontrarnos), de Ramón Jiménez Lamar

 (AYER, AL ENCONTRARNOS) Ramón Jiménez Lamar   Ayer, al encontrarnos, de mis ojos una lágrima ardiente resbaló, y ufana sonreiste, imaginando que aún vive en mi el amor. ¡Te engañaste, mujer! aquella lágrima, la última quizás del corazón, era el  beso de muerte que en su fondo el desengaño cruel depositó; era el "ay" dolorido con que el alma a su esperanza daba un triste adiós; no se llora jamás lo que aún existe,    ¡Sino lo que murió! Publicado en 'Blanco y Negro', el 9 de agosto de 1891.

Blas, peluquero, de Juan Pérez Zúñiga

 BLAS, PELUQUERO Juan Pérez Zúñiga I.  Pensando Blas Bustamante qué negocio emprendería, puso una peluquería por todo extremo elegante. Diez expertos ciudadanos que en su oficio eran modelo, hacían la barba al pelo á todos los parroquianos. Pero el que no pelechó fué el incipiente industrial; y cuando ya iba muy mal el negocio que emprendió, una idea extravagante vino á cruzar de repente por el centro de la mente del señor de Bustamante. Enseñó en muy pocos días á ejercer de peluqueras  á diez chicas hechiceras que encontró en las cercanías. Las dió trajes de muchachos, y con los mejores modos dejó cesantes á todos los diez oficiales machos. II.   Gustó tanto al sexo feo tan extraña innovación,  que ya sin interrupción la casa fué un jubileo. Y con su charla oportuna, alegres y vivarachas, aquellas lindas muchachas dieron á Blas la fortuna, pues más de un sujeto había que, sólo por recrearse con ellas, iba á afeitarse cuatro ó seis veces al día. ¡Qué de picante...

El instinto, de Francisco Flores García

 EL INSTINTO Francisco Flores García   En un corro de chicos, en el Prado, con asombro de madres y niñeras,  surgieron tan atroces peloteras , que uno del orden público , alarmado, llegó á decir, salvando la distancia: "Hoy ya nos da que hacer hasta la infancia." ¿De qué hubieron nacido tan tremendas y rudas tremolinas? Según me han referido, aquellos diminutos luchadores quitábanse entre sí las golosinas, y por eso estallaban sus furores, por leyes psicológicas fatales,  su futuro destino presintiendo, ya estaban ejerciendo de personas mayores y formales. Publicado en 'Blanco y Negro', el 9 de agosto de 1891.     

Poesía inédita: Me pones en las manos la cansada..., de Pedro Antonio de Alarcón

 Poesía inédita, de Pedro Antonio de Alarcón   Me pones en las manos la cansada citara del dolor, hermosa mía... ¿Por qué, dime, de un alma quebrantada buscas la melancólica armonía?   Si pudieran volver las muertas horas en que los sueños del amor canté, yo te brindara en músicas sonoras del sentimiento la mentida fe.   Yo te embriagara de ideal ternura al compás de suavísima canción... Pero en la hiel tan sólo hay amargura, ¡y es mar de hiel mi triste corazón!   No me confundas, no, con esos seres que te fingen de amor ardiente afán... ¡Risa y llanto, y dolores y placeres, sin setirlos, tal vez te cantarán!   Yo, entre las cuerdas de mi rota lira,  sólo encuentro los ecos del dolor... ¡Si te cantara amor, fuera mentira! ¡Maldita el alma que te mienta amor! ............................................................   ¡Ay del que un día un falso juramento bebió en los labios de gentil mujer, y hoy busca en vano en la región del viento los ecos v...

Perrerías, de Felipe Pérez y González

 PERRERÍAS Felipe Pérez y González.   Una tarde se encontraron,  llevando contrario rumbo, un gozquecillo faldero y un perrazo vagabundo.   Desorientado y perdido buscaba á su dueña el uno, yendo de un lado á otro lado,  ya jadeante y convulso;   El otro, hambriento, buscaba, yendo de un punto á otro punto, basuras donde hallar huesos ó piltrafas ó mendrugos.   El uno, era chico y débil, el otro, grande y forzudo; Aquél, limpio y perfumado, éste, desgreñado y sucio.   Llamábase el chico Tony , llamábase el grande Chucho , porque era inglés el primero y era español el segundo.   Sobre el lomo del perrillo la dueña amorosa puso una manta con su cifra y su corona y su escudo.   Sobre el del otro asomaban, en larga línea de puntos, los huesos del espinazo como dientes de un serrucho.   Al hallarse frente á frente los dos perros, casi juntos,  entrambos se detuvieron por un natural impulso.   Dió el grande un gruñido sordo, dió...